El hogar no es solo un lugar físico; es esa sensación inconfundible de estar a salvo, de haber llegado a nuestro propio centro.
En esta experiencia compartida, propongo un ritual para honrar nuestro refugio personal. Al intervenir esta pequeña casita de madera, cada participante materializa su propio santuario, recordándose que, sin importar el ruido exterior, siempre existe un espacio interno de protección y calidez al cual volver. Un objeto con sentido para celebrar el nido que construimos día a día
El hogar no es solo un lugar físico; es esa sensación inconfundible de estar a salvo, de haber llegado a nuestro propio centro.
En esta experiencia compartida, propongo un ritual para honrar nuestro refugio personal. Al intervenir esta pequeña casita de madera, cada participante materializa su propio santuario, recordándose que, sin importar el ruido exterior, siempre existe un espacio interno de protección y calidez al cual volver. Un objeto con sentido para celebrar el nido que construimos día a día